miércoles, 11 de septiembre de 2013

El viejo arado...

Entre óxidos... Oímos los chirridos al tenue movimiento cuando en el campo está
Son como lamentos... ¡Que nadie escucha!
Solo las huellas que va dejando en la tierra perciben el sentir del viejo arado.
Ya esta cansado… De tantos surcos haber dejado…

                                                                            María Rosa D’Elia Demetilla

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